Wednesday, July 16, 2008

El Camino de Hércules. La Via Heraklea o Au gusta de Gades a Roma en los vasos de Vicarello o Apolinares

Corría el año 1852, cuando en una localidad a 30 km. al norte de Roma, en concreto, en Bagni di Vicarello, se producía un descubrimiento hasta ahora sensacional y único, puesto que no ha tenido correspondencia similar, en ningún otro hallazgo hasta la fecha realizado en estos más de 150 años transcurridos.

Bagni di Vicarello es una ciudad termal que en la antiguedad fué frecuentada debido a que allí se encontraba un santuario a Apolo y las ninfas apolinares, el Acquae Apollinaris. Las excavaciones realizadas en el siglo XIX depararon el excepcional hallazgo de cuatro cilindros de plata de entre 10 y 15 cms de altura, conteniendo la lista de ciudades y mansiones para viajeros cuyo trazado se iniciaba en Gades y tenía su punto final en la capital del imperio, en Roma. Los vasos, aparte de las distintas estaciones de parada, divididas en cuatro bloques separados por finas columnas rematadas con capiteles coríntios, marca a la derecha de cada mansio, la distancia entre ellas. En la parte superior de los vasos figura el título del camino y en la inferior, la distancia total y final del recorrido. Los vasos reflejan en total un itinerario de entre 1835-1842 millas, pues hay ligeras variaciones entre los vasos, que traducidos a kilómetros serían aproximadamente unos 2.700 kms., de los cuales, 378 kms., corresponden al itinerario por la Bética, nuestra actual Andalucía.


Las pequeñas variaciones en millas del recorrido, sin duda, deben deberse a que hay alguna temporalidad entre un vaso y otro, por ejemplo, el más pequeño de los cilindros parece de factura más reciente y además se diferencia de los otros en que no lleva el adorno de las columnas enmarcando las estaciones de parada.


Aún así, casi no podemos dudar de que los vasos actualmente denominados de Vicarello o apolinares, fueron fabricados en Cádiz, la antigua Gades, a semejanza de un milliario y su confección evidencian no sólo la existencia de esta vía de unión directa entre uno de los puertos más activos del mundo romano con la capital, sino la importancia y peso de Gades en los inicios del principado. No debemos dejar de lado, ni olvidar la anécdota recogida por los autores antiguos, del gaditano que antes de morir quiso conocer personalmente al gran historiador Tito Livio. Anécdota que muy acertadamente recoge el autor británico Robert Graves, eminente conocedor de la antiguedad, para su magistral recreación de su novela “Yo Claudio” obra que figura entre las grandes creaciones del pasado siglo. Incluso podríamos atrevernos a imaginar con todo el poder de nuestra mente ensoñadora, a que podía haber sido ese mismo gaditano el que una vez cumplido su deseo y como ofrenda y agradecimiento por su ventura conseguida, dejara muestra de su generosidad junto al santuario, donde seguramente repondría fuerzas para el retorno, en forma de uno de aquellos vasos, como muestra elocuente de su proyecto concluído con éxito, para que todo aquél que se acercara a aquellos mismos lares pudiera verlo “in situ” y luego quién sabe si, al menos, otros tres viajeros más, quizás motivados por similares anhelos e inspirados por dicha ofrenda, se sintieran motivados ellos también a cumplir con el dios de la misma manera. Improvisados y anónimos embajadores gaditanos del esplendor de una urbe cuyo recuerdo de su gloria pasada ha perdurado en dichas ofrendas.

Posiblemente el modelo que sirvió de inspiración a los vasos fuera el miliario áureo que el propio Augusto erigió en el Foro romano en el año 20 a.c. siendo “curator viarum”, y ya que por estos años Balbo el Joven, en concreto, un año antes, fué obsequidado con un triunfo en Roma por su victoria en la expedición contra los Garamantes. Honores que el propio Balbo plasmó con generosidad en su labor de evergetismo sobre ambas urbes, donde por ejemplo en Roma construyó el teatro llamado de Balbo y en Gades en innumerables obras, pero sirva también como ejemplo y como estamos hablando de miliarios, la réplica del de Augusto que instaló a la entrada de la ciudad. Asímismo fué el propio Augusto quien concedió por estos años a la ciudad de Gades, su denominación de Augusta Urbs Julia Gaditana.

Como colofón a esta reseña sólo nos resta añadir que actualmente los vasos de Vicarello o Apolinares se encuentran expuestos en el Museo Nazionale Romano.

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Graves destrozos en los ya cimientos arqueológiocos de Puerto Real (Cádiz)

No deja de ser llamativa por su “casualidad-causalidad”, la noticia aparecida hoy 24/02/07 en Diario de Cádiz, en su sección de Cultura y que hace referencia precisamente, a algunos de los hornos romanos y otros yacimientos arqueológicos de la vecina población de Puerto Real y su total abandono por parte tanto de las autoridades autonómicas, como provinciales, como y lo que es más grave, las municipales y cargo las tintas en esta última por una sencilla razón y es que cuando el traslado al Museo Provincial de Cádiz del ya famoso y maravilloso mosaico romano de Baco, aparecido hace pocos años en una villa romana, en las obras de la carretera nacional IV, estas mismas autoridades “competentes” y con total ignorancia de la historia, bramaban a voz en grito por dicho traslado, aduciendo que se estaba robando la memoria histórica a todo un pueblo, en un alarde intencionado de oportunismo político barato y totalmente trasnochado, puesto que ese traslado, no era un robo, sino un acto de protección de dicho patrimonio histórico, que no olvidemos, no es sólo de Puerto Real, sino de toda la Bahía de Cádiz en primera instancia, puesto que en época romana, la única entidad jurídica reconocida es el municipio de Gades y todas las tierras que forman su “agger”, de la que la actual Puerto Real ( fundación de los Reyes Católicos, no lo olvidemos, pues creo que algunos o alguno tienen lapsus mentales ), formaba plenamente parte de ese “agger” gditano. ¿ Que debemos pues inquirir entonces sobre una noticia como la que hoy aparece ?…¿ No es esto un robo, o lo que es peor, un daño irreparable y propio de bárbaros ignorantes e incultos?. Puesto que no es que nos roben, ya que un robo siempre cabe la fortuna y posibilidad de recuperar lo robado, sino de mutilación y eliminación casi equiparable a la del fundamentalismo talibán que todos muy bien recordamos, cuando bombardearon los famosos Budas gigantes. Lo que se mutila y de destroza es irrecuperable y sin embargo y pese a que lleva así, no de ahora sino de hace ya muchos años, todavía no he visto a esas mismas autoriades municipales competentes esta vez abrir la boca, ni el menor intento de hacer nada al respecto. Puerto Real, la única poblacón de la Bahía y repito, la única que aún no dispone de museo municipal, por muy pequeño y sencillo que este pudiera llegar a ser…lamentable, si de recuperar la historia de un pueblo se trata. Sin más que añadir al respecto, esta es la noticia al completo, tal como aparece hoy en dicho periódico…

02:49 Pedro Sánchez Astorga Cádiz.
Varios colectivos y de forma especial alumnos universitarios de la licenciatura de Historia de la Universidad de Cádiz como Antonio Cabral, han dado la voz de alarma a los medios de comunicación sobre el mal estado de varios yacimientos arqueológicos de importante valor situados en el entorno de Puerto Real.
A pie de campo, se han podido constatar los actos vandálicos que muchas de las estructuras y yacimientos arqueológicos han sufrido. Algunas ya han sido excavadas y presentan leves medidas de protección; mientras que las que aún se encuentran bajo tierra, son objetivo continuo del expolio por parte de aficionados al uso de detectores de metales, o sufren repetidas agresiones por parte de la maquinaria agrícola empleada por propietarios o arrendatarios de las fincas en las que se encuentran, como en el caso de la finca Casines.
La finca de El Almendral, encierra en su perímetro dos hornos de época medieval-moderna, cuya única protección acorde con la ley de patrimonio vigente es un vallado perimetral. Sin embargo, los hornos han sido destrozados en la zona de las parrillas de cocción. Su estado se muestra aún más lamentable por la vegetación que los cubre ya que al parecer, las medidas de mantenimiento aplicadas al patrimonio de la zona son nulas.
En la misma finca se encuentra un antiguo castellum
o surtidor de agua vinculado al acueducto medieval que cruzaba la zona. A pesar de encontrarse delimitado perimetralmente por una maltrecha alambrada, muestra un estado de deterioro acelerado por las continuas incursiones que vándalos hacen en su interior. Esta finca cuenta además con una importante escombrera de materiales arqueológicos de época romana y medieval en su zona superficial, objeto de continuos expolios.
El caso más grave lo presenta el Horno Romano que se encuentra en la finca Olivar de los Valencianos. Una estructura excavada en los años 50, que se ha mantenido a la intemperie sin protección o delimitación alguna. La parrilla de cocción ha sido usada a modo de diana, lo que le ha provocado dos importantes fracturas, y que el interior del horno esté lleno de bidones de combustible y desechos.
En su cercanía se encuentran una serie de muros de mampostería y grandes sillares que no han sido objeto de excavación, y que continuamente se ven sometidos a daños ocasionados por la máquina del arado que pasa por encima.
En el caso de la finca Galeto, tiene en su interior una importante escombrera de material romano en superficie, junto a los restos de una estructura que ha sido seccionada en su perfil. La finca, que contiene un yacimiento en toda su extensión, se encuentra abierta al paso de personas, ya se trate de paseantes o expoliadores, sin ningún tipo de medida de protección sobre los restos. Por otra parte, un camino que al parecer algunos especialistas identifican con una antigua cañada, se ha ampliado seccionando zonas del yacimiento y provocando la destrucción de perfiles con materiales arqueológicos que se ven sometidos a los efectos del paso continuo de coches y expoliadores que transitan por la zona. A estos casos cabe unir el del horno de Puente Melchor, que continua en un estado alarmante

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Raices roma nas de Puerto Real (Cádiz)

Vista aérea del “Cerro Ceuta”

“La tarde caía lentamente. El calor sofocante de las horas precedentes, empezaba a remitir. La suave brisa del poniente se hacía notar. Refrescaba y se hacía más soportable el paseo.

Subiendo la calzada un tanto empinada que conduce a los grandes depósitos de agua, situados sobre el montículo cercano a las pequeñas lagunas (conocidas por todos los puertorrealeños como los “barreros”), observé, como en otras ocasiones (en mis recorridos por el lugar), las ruinas de los hornos romanos.

Esta vez, no los ignoré y me desvié del camino hacia ellos. Quedé gratamente sorprendido de la cantidad de hinojos que bordeaban la calzada; pasé la mano sobre ellos y enseguida noté su fragancia. La ladera estaba casi toda, salpicada de tomillo y melosa. Estuve tentado de hacer lo mismo con el tomillo; pero continué la marcha hacia una de las paredes semiderruidas de un horno. Estaba un poco cansado y me sente sobre ella; la panorámica que tenía ante mí, era excelente. El sol empezaba a descender. Acomodándome como pude en el improvisado asiento, fijé toda la atención en el acontecimiento para no perder detalle.

El espectáculo era único; cada tarde sucede lo mismo, se produce de igual manera, pero estéticamente, cada vez es distinto, dependiendo en gran parte, de la estación del año y de las condiciones atmosféricas del momento. Pero esta tarde de junio, reunía todos los requisitos para que se mostrase la naturaleza en todo su esplendor.

Desde mi observatorio, podía ver a casi todo Puerto Real, en primer término de aquel gran paisaje. A lo lejos, podía ver la bahía, con reflejos de fuego en sus aguas, intensificándose aún más por el horizonte; un cielo, con gran variedad de tonos incandescentes y un sol que pasando paulatinamente de una amarillez pálida y cegadora a un amarillo intenso, fácil de observa; se convertía en protagonista indiscutible del momento, transfigurándolo todo, a cada instante en su descenso. Desapareció, quedándome en los ojos una sensación de encandilamiento, producido tal vez, por la atenta contemplación de aquel maravilloso mutis del astro rey.

Influido por lo mágico del momento y por el tacto directo con las piedras que conforman las paredes del casi bimilenario horno, pienso en los hombres que trabajando en los mismos, pudieron observar como yo, cada día, el mismo suceso, trantando a la vez de imaginar el sentido que tendría para ellos, debido en gran parte a los escasos conocimientos de la época y lo proclives que serían seguramente a la superstición.

Camino alrededor de las ruinas, como queriendo penetrar en el tiempo. Veo lo ignorante que soy en cuanto a la historia de aquellos artesanos, de los que quizás hemos heredado nuestra cultura, evolucionada naturalmente, pero influenciada en algo por ella; o de los que muy bien, podríamos ser descendientes. Esto, sinceramente, no lo creo del todo probable, porque han pasado tantas generaciones desdes entonces…y han pasado tantos pueblos diferentes por aquí, con su bagaje cultural en ristre…que es del todo imposible.”

Asi comienza el autor Francisco Ruiz Serrano, con estas palabras, fruto de sus propias cavilaciones ante el impacto que supone al alma del ser humano, la contemplación de esa otra alma, la del espíritu latente de unas ruinas, inmersas, imbricadas, en la modelación de la naturaleza paisajística del entorno y cuanto estas nos transmiten, el primer capitulo de su obra, “Puerto Real…¿son estas tus raices?”.

Una obra injustamente infravalorada y empequeñecida ante sus otras obras mayores, pero sin embargo, es una obra que como podemos ver, rezuma un encanto especial, porque nos conecta con nuestro paisaje y nuestro pasado desde la reflexión del paseante, pues a fin de cuentas, todos vamos de paso por este mundo y son sólo las obras hechas por el hombre, hombres conocidos o anónimos, las que permanecen en el tiempo para que en el futuro, otros al contemplarlas, puedan evocar ese tiempo dejado atrás, hace quien sabe cuando.

Tomando como hilo conductor su propia experiencia, junto a las ruinas despedigadas de un alfar romano situado en el “cerro Ceuta”, más conocido popularmente, como el mismo autor nos aclara, como “Cerro del barrero”, Francisco Ruiz nos invita a adentrarnos, a vivir la experiencia transida dentro de nosotros, al sentir esa conjugación mágica del pasado con el entorno y lo que es igualmente importante, a ser parte activa y no meramente expectadora de ella. Desde su propia vivencia personal, nos anima no solo a sentir, sino recorrer, investigar y por fin hacer un acto poderoso con nuestra mente, con la herramienta más cualificada para recrear la historia, nuestra propia imaginación, una vez ahita de toda esas sensaciones y conocimientos y darnos cuentas de algo evidente y es que la historia no es algo del pasado. Sino que es algo que proviene si, de ese pasado, pero que se deja sentir y notar en el presente, que nos proyecta evidentemente hacia el futuro. La historia no es algo muerto, sino vivo y muy latente, claramente percetible siguiendo las indicaciones de las que nos hace participes Francisco Ruiz, porque como anuncia el dicho…”las piedras hablan, pero sólo a quien quiera y este dispuesto a escucharlas”.

Nuestro autor ha tomado como objeto de su reflexíon y vivencia para su evocación del pasado y sus gentes, el horno romano del “Cerro Ceuta”, tal vez, como él deja entrever, porque se encuentra enclavado en una situación privilegiada, ya que es una de las elevaciones que ofrece una de las imágenes mas diáfanas y claras de todo el perímetro de la Bahía de Cádiz, pero podía igualmente haber escogido otro de los muchísimos restos, sobre todo de época romana que se encuentra desperdigados por su amplísimo término municipal y que iremos enumerando en siguiente artículos por su importancia e interés. Puerto Real en la antiguedad era parte del agger de la ciudad de Gades, y sede posiblemente del conocido “Portus Gaditanus” mandado hacer por Balbo, como expansión en tierra firme del puerto de la vieja ciudad fenicia. De ahí la cantidad enorme de distintos alfares romanos desperdigados aquí y allá, entre lomas y pinares, de antiguos barreros y canteras para la extracción de materia prima para dichos alfares, marcas indelebles, fosilizadas en la actual topografía del pueblo y por supuesto su tierra de labor, asiento para dichos alfares e importantes villas romanas de las pudientes familias gaditanas.

Y ahora para finalizar esta semblanza, que mejor que dejemos de nuevo la palabra a Francisco Ruíz, en el epílogo a su encantadora obra, “Puerto Real…¿son estas tus raices?.
EPíLOGO
“Decidido a dar por concluida esta historia desde el mismo lugar en que empezó a fraguarse, pasado un año justamente, me encuentro otra tarde de Junio paseando por los alrededores del “Cerro Ceuta”, (ya se su nombre). El lugar está bastante cambiado; las obras de una gran carretera(la de circunvalación de Puerto Real) parte en dos los “barreros” y dicho cerro, separando los hornos de los depósitos de agua que abastecen al pueblo. El yacimiento está vallado, seguramente para protegerlo de los desaprensivos; pero han llegado algo tarde. En una de las paredes interiores de un horno, aparece un “grafitti”, representando unas letras de gran tamaño; siento inmediatamente una repulsa interna hacia el autor o autores de tal felonía; es un atentado contra la cultura de un pueblo. Y veo con desilusión que todos esos siglos y todas esas culturas pasadas no han sido suficientes para conseguir que el hombre tome conciencia de su patrimonio histórico y lo respete.
Pasados los primeros efectos del “cabreo”, intentando superar la situación, respiro profundamente y trato de centrarme en los aspectos del yacimiento, recordando los distintos paisajes de mi busqueda, pensando que aún ante mi a un protagonista casi indemne: el lugar, la tierra que alberga el alfar, más o menos removida. Pero allí estaba y allí permanecía, ajena al paso del tiempo y al paso de tantas generaciones de hombres que la pisaron, movieron, transformaron y admiraron. Al menos, yo sí admiro esta tierra y este lugar. Imagino los acontecimientos que aquí pudieron suceder; no sucesos extraordinarios… sino eventos o incidentes del día a día, influidos por la época, circunstancias, actividad humana, etc “
” Y el Sol quando está rayando el horizonte y como sentado sobre las aguas, parece por la parte que le miran, que echa, y despide de entre sus dorados rayos una humareda. Por esto dixo Séneca, que a los cauallos de el Sol leshumeauan con el sudor las crines, quando baxuauan al Oceano.”

Juan Bautista Suarez de Salazar ” Grandezas y antiguedades de la isla y ciudad de Cádiz”

Neápolis gaditana de Balbo y su necróplis (Gades siglo I a.c.)

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Restos fenicios de Abdera, actual Adra (Al mería)

Incluimos interesante noticia, aparecida en el Ideal de Granada de hoy 20/02/07, referida a unas excavaciones en la antigua colonia fenicia de Abdera, actual Adra (Almería).
La inclusión de esta noticia responde, por un lado, a su evidente interés histótico y arqueológico y también a que aunque a primera vista vista parezca que no tiene relación con el ámbito de Gadir-Gades, si que la tiene.
La antigua Abdera, como demuestran estas misma excavaciones, es una fundación fenicia arcaica y por tanto, dentro del ámbito de actuación de la talasocracia fenicia de Gadir, y que luego, bajo el período romano todas las ciudades de la costa mediterránea andaluza, incluida Abdera, estarán abscritas al conventus jurídico gaditano, con capital evidentemente en la propia Gades…

El grupo de trabajo que dirige José Luis López Castro ha hallado restos fenicios de los siglos VII, VI, V y IV y construcciones romanas
LAURA MONTALVO/ADRA

IMPORTANTES HALLAZGOS. Los trabajos están centrados en esta fase en la ladera oriental del cerro. /L.MONTALVO.

Cuatro meses después de que comenzaron las excavaciones en el Cerro de Montecristo de Adra el grupo de trabajo que dirige el profesor de la Universidad de Almería, José Luis López Castro, ha desvelado importantes hallazgos históricos.Durante la visita que realizaron ayer a las propias excavaciones la alcaldesa de Adra, Carmen Crespo, y la delegada de Cultura, Ana Celia Soler, se explicó cómo el trabajo realizado en la ladera oriental ha permitido sacar a la luz muros fenicios de residencias así como restos de industria metalurgia, una posible acequia y hasta algunos huesos humanos.

Descubrimientos«Hemos obtenido una información muy interesante sobre la secuencia fenicia con casas constructivas de los siglos VII, VI, V, IV antes de Cristo. También hemos descubierto un muro de grandes dimensiones que esta ahora mismo en fase de excavación y que podemos relacionar con los sistemas defensivos de la ciudad, posiblemente en época fenicia de Adra. También hemos recuperado una cisterna romana para almacenar el agua posiblemente en relación con la industria de salazones de pescado que fueron tan importantes en Abdera, en época alto imperial durante los siglos I y II después de Cristo. Hemos visto que hay diferentes tipos de viviendas con diferentes técnicas constructivas. Desde el punto de vista arqueológico ha sido muy interesante porque se congelaban los pavimentos de muchas de las casas y esto permitía sellar bien los estratos anteriores y eso es de una gran importancia arqueológica a la hora de obtener elementos de datación. En el interior de dos viviendas, una del siglo VII y otra del s. IV antes de cristo, hemos encontrado rastros de fundición de mineral, fundamentalmente de hierro, había talleres metalúrgicos, anexos o formando parte de la vivienda. También se van a estudiar todas las conchas que ya en la anterior excavación nos dieron la sorpresa de poder permitirnos tener indicios de la fabricación de púrpura a partir de determinadas conchas y moluscos», explicó López Castro.Carmen Crespo recordó, tras esta visita, que la intención final sigue siendo crear un parque arqueológico así como llevar a cabo un proyecto museográfico y museológico.

Parque arqueológico«Me he encontrado con una magnífica actuación y tengo que agradecerlo, así como a la delegada, por apoyar un proyecto que pone en valor la historia de nuestra ciudad. Se está haciendo un proyecto que tiene muchas fases; en la primera fase ya nos estamos sorprendiendo pero vamos hacia delante con la ayuda de la Consejería y de la Universidad para hacer un Parque Arqueológico en el cerro y también el proyecto museográfico y museológico que va a permitir que Adra tenga un museo arqueológico y de historia. Realmente lo queremos porque creemos que tenemos restos suficientes como para que Adra tenga ese museo y que va a albergar todos los temas que puedan ser visitados por estudiosos y por los propios abderitanos», sostuvo.

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Cripto pórticos de Gades y Asido

Noticia recogida en “La Voz de Cádiz” del día 11 de Marzo de 2006 y que podría confirmar la realidad de la existencia, de una de las leyendas más fuertemente impresas en el imaginario mítico-floklórico gaditano. Se trataría de las popularmente conocidas como “Cuevas de Maria Moco” y que en sí, tendrian su origen en época romana, posiblemente dentro del programa de expansión urbanística de la urbe gaditana patrocinada por los Balbos, poderosa familia de Gades y cuya relación con Julio César fué muy activa y fructifera para ambas partes. Fué en estos momentos finales del cambio de era, cuando los Balbos adquieren la ciudadanía romana y la propia ciudad recibe el título de “Municipium Civium Romanorum”.

Desgraciadamente y hasta que no se produzca su apertura al público no tenemos imágenes de dicho sistema de túneles y galerías, ni aún siquiera de antes, pero si que hace pocos años tuvimos la fortuna de recorrer en condiciones muy precarias uno de esos tramos. En concreto el ubicado bajo la calle San Juan, en lo que hacía bastantes años, habia sido un local típico llamado “La cueva del pájaro azul” y que en los momentos en que tuvimos la oportunidad de recorrer su entramado, era utilizado como trastero por una empresa de construcción donde guardaba materiales varios y herramientas. El sistema de galerías bajo el trastero estaba completamente abandonado y como digo, en condiciones de precariedad absoluta, falto totalmente de cualquier iluminacion, salvo la que llevábamos a mano y parcialmente anegado.
De confirmarse el origen romano de todo este
conjunto de criptopórticos y para hacernos una idea más aproximada sobre lo que estamos tratando, el referente más cercano y que recientemente hemos tenido oportunidad de volver a visitar, sea el conjunto de túneles y galerías de Medina Sidonia, la antigua Asido, a 45 kms de la capital muy ligada a Gades en la antiguedad y en todas las épocas y visitables para el público en general.

Es un recorrido que recomendamos y que merece la pena por su curiosidad e interés y que pueden servir como bien hemos dicho muy ilustrativos al respecto de sus equivalentes de Gades, pese a que y ahi llamamos la atención, la finalidad que se la ha adjudicado a los de Medina Sidonia es la de servir de sistema de canalización y evacuación de aguas, es decir, cloacas y así es como se les conoce popularmente en este pueblo cercano a Cádiz, aunque hay alguna voz discordante con esta adjudicación, mientras que si leemos detenidamente el artículo que reproducimos más

abajo, la supuesta finalidad de los criptopórticos y galerias subterráneas de Gades, cumplían otra misión bien distinta.

Francisco Apaolaza Cádiz http://www.lavozdecadiz.com/ 11/03/2006
Un estudio técnico demuestra la existencia de hasta seis kilómetros de subterráneos de supuesto origen romano bajo la ciudad que serán visitables en el verano de 2007.
La leyenda mil veces susurrada a los niños boquiabiertos de Cádiz -«Si entras por la plaza de Mina puedes cruzar por debajo del suelo toda la ciudad, que está hueca como un queso gruyere»- se ha confirmado de una vez por todas. Los avances tecnológicos y el empleo del GEO-Radar han puesto en pie de una manera científica una de las creencias más misteriosas del imaginario gaditano. Al margen de los dragaminas y túneles de las fortificaciones de las Puertas de Tierra, conocidos como Cuevas de Mariamoco, entre 5 y 6 kilómetros de pasadizos de supuesto origen romano y de entre1,8 y 3,5 metros de altura se extienden desde Puerta Tierra hasta la Alameda, como hipotética conexión entre las zonas nobles del núcleo de Gades. La empresa Monumentos a la Vista y su gerente, Germán Garbarino han dedicado más de cinco años a investigar los secretos de los túneles gaditanos y respaldan esta tésis. Hoy se disponen a la puesta en valor de un tramo y a la creación de un centro histórico para visitantes de una importancia «comparable a la de las catacumbas de Roma».
La historia del descubrimiento no desmerece el planteamiento, nudo y desenlace de los best-sellers de novela histórica de la actualidad. En el colegio, Germán Garbarino escuchó de boca de un profesor la leyenda de Los 12 moros jugando a las cartas. Según el relato, un niño perdido por las cuevas de Cádiz, hambriento y exhausto tras horas de caminata, creyó ver, aterrado y a la luz de un farol, las figuras de doce moros jugando a las cartas en una sala.
Hace cinco años, Garbarino recibió el testimonio de un gaditano que aseguraba que esa sala se encontraba debajo de la calle San Juan y decidió investigarlo. Llegó a escuchar hasta 200 testimonios de personas mayores y miembros del la Iglesia, trasmitidos por tradición oral, «de los cuales más o menos 180 eran falsos». Historias de huidas en casos de asedio, niños perdidos, contrabandos, lupanares, batallas dieciochescas, refugiados escondidos durante la Guerra Civil…
Una vez contrastadas las pistas reales, configuró una hipótesis nueva: bajo el suelo de Cádiz existe una red de subterráneos situada dentro del recinto amurallado y distinta a las minas y contraminas de los glacis de las Puertas de Tierra.
Los investigadores siguieron uno de los testimonios que los llevó hasta la Iglesia de Santiago, en cuya cripta se encuentra «una gran puerta cegada por mortero, ladrillos y piedra ostionera. ¿Hacia dónde se dirigía? una habitación clausurada, o una entrada hacia los subterráneos investigados?».
En 2004, Garbarino recibió un plano confeccionado en 1837 por Serafín Manzano -aparejador del conocido ingeniero y arquitecto Torcuato Cañón- en el que se retrataba una red de túneles con información detallada de situación, estado y tamaño por tramos. El itinerario sugerido -y por fin comprobado- discurre desde las Puertas de Tierra hacia el Castillo de la Villa (en el entorno actual del Arco de los Blancos). En este lugar se desprende un ramal hacia el puerto (anegado según el mapa) y otro discurre hacia la Iglesia de Santiago y el Convento de San Francisco, terminando en la Caletilla de Rota, «un lugar que pudiera corresponder con los alrededores de la Plaza Argüelles».
El turno de la tecnología
Finalmente, el pasado verano los investigadores decidieron realizar una prospección tecnológica y contratar los servicios de Geytex, una empresa especializada en estudiar subterráneos, descubridora de los túneles del Baluarte de los Mártires de Ceuta. Para ello utilizaron un GEO-Radar, equipo que, mediante emisión de ondas hacia el subsuelo detecta, por cambio de densidades, la presencia de diferentes estructuras. Otra técnica utilizada fue la gavimetría, que al parecer detecta espacios huecos en el subsuelo. Las pruebas fueron realizadas en la Plaza de la Catedral, la Plaza de San Francisco, Candelaria y la Calle San Juan con resultados positivos.
Los resultados coinciden en cada lugar con el tamaño y situación de los planos de Serafín Manzano. Según Garbarino, que ha visitado restos de algunas entradas reutilizadas en sótanos, el Ayuntamiento y la Delegación provincial de Cultura reconocieron el descubrimiento en febrero y concedieron los derechos a los investigadores. La etapa inminente consiste en realizar «una microperforación en la plaza de la Catedral que traspase la bóveda del túnel por la que se introduciría una cámara de infrarrojos» para desvelar las entrañas del criptopórtico, una vez se expidan los permisos necesarios.
El subsuelo de Gades
Una vez hallados los túneles, quedaba saber quién los había construido. Según Garbarino, la red, o al menos una parte posteriormente ampliada, corresponde a la unión de los principales edificios del Gades romano. Los subterráneos conectarían las zonas nobles de la neápolis ideada por Balbo el Menor. El recorrido, utilizado según su teoría «para que los nobles evitaran transitar las peligrosas calles de la época», arrancaba en las cercanías del anfiteatro romano, bajo las actuales Puertas de Tierra. De ahí, los túneles transitaban «con pequeñas desviaciones de 30 grados» bajo la zona de templos (Campo del Sur) hasta los bajos del teatro romano, el Castillo de la Villa, y de ahí hasta la supuesta zona de edificios nobles, a los pies de la Iglesia de Santiago, entorno al que pertenece la construcción de la Casa del Obispo.
«No sabemos aún a quién corresponde la factura del resto de los pasadizos, ya que seguramente la red se fue ampliando», se reserva el investigador.
Puesta en valor
La intención de Garbarino, gerente de la em-presa que gestiona la puesta en valor y explotación turística de la Casa del Obispo, es abrir al público uno de los tramos de los subterráneos, concretamente los 500 me-tros que van desde el Castillo de la Villa hasta la Iglesia de Santiago. Una entrada se abriría en el Arco de los Blancos y otra en la Plaza de la Catedral.
Garbarino espera que «si todo marcha bien», los primeros visitantes puedan acceder al subsuelo en el verano de 2007. «Primero tendremos que ver qué nos encontramos ahí abajo», dice.
En un principio, según el plano y las prospecciones tecnológicas, el tramo se encuentra «en un buen estado». Dos cuestiones respaldan esta hipótesis. La primera es que «desde el siglo XVIII no se construye en la zona», un hecho que descarta el bloqueo del criptopórtico por los cimientos de viviendas posteriores al plano de Manzano. Por otra parte, «si se hubiese derrumbado el techo del túnel, lo hubiéramos sabido porque habría originado un gran socavón», dadas las dimensiones de los pasadizos.
Potencial turístico
«Esta iniciativa se puede convertir en un atractivo turístico de primer orden, porque aprovecha un bien histórico increíble», adelanta Garbarino. «En su visita se podría descubrir gran parte de nuestra historia, de cara al Bicentenario de la Constitución de 1812».
A la espera del estudio y el proyecto de puesta en valor del tramo, las cuevas se mantendrán apartadas del ojo humano, aunque sea por unos días, guardando celosas sus misterios y leyendas de patricios, asedios, niños perdidos y moros jugando a las cartas.

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El mapa es telar más antiguo de la provincia de Cádiz


(Representación pictórica de la cueva Magro y su posible equiparación con distintas constelaciones celestes)

En el artículo anterior, dedicado a la posible existencia de un “nemeton” celtibérico en la zona de la Sierra de la Plata, hemos hecho también mención a otra huella arqueólogica no menos perceptible y significativa de un tiempo remoto.

Nos estamos refiriendo al conjunto de abrigos y cuevas con pinturas rupestres de tipo esquemático, que se encuentran dispersas no solo por esta sierra, sino que abarca prácticamente, una zona muy ámplia del centro sur de la provincia gaditana. No es nuestra pretensión ofrecer en este artículo un examen pormenorizado de ellas, puesto que sería totalmente imposible y además ya otros, nuestros amigos de AGEDPA en su web, ofrecen un excelente muestrario y recorrido bastante completo sobre las mismas. Una web a la que pueden acceder a través de nuestra sección de enlaces de interés y que es muy recomendable visitar. Nosotros nos proponemos llamar la atencion sobre dos cuevas o abrigos y que muestran unas pinturas rupestres que han captado nuestra atención preferente y que sin embargo, no aparecen reseñadas en la susodicha web de AGEDPA, supongo que por no tener material referido a esas pinturas.

La primera de las cuevas a las que hacemos alusión y que además su temática nos ha sugerido el título y motivo de este artículo es la cueva Magro. Dicha cueva, al igual que la siguiente de la que tambien hablaremos, se encuentra situada en el término municipal de Los Barrios y lo que ha hace tan digna de su estudio e interés es una representación en color ocre rojo, el pigmento más utilizado en las estaciones rupestres de la zona, por parte del artista de un conglomerado de puntos con el que ha adornado dicha cueva.

En principio, pudiera parece que nada pudiera transmitirnos esa serie de puntos teoricamente dispuestos al azar, de forma caótica y sin embargo, tal vez, si que pudieran estar diciendonos, transmitiendonos un conocimiento ancestral para esas gentes.

Compartimos la opinión de que no es ni más ni menos, que una representacion pictórica del cielo nocturno a través de la visión, de la mente y de la capacidad técnica de este antíguo artista anónimo de la Edad del Bronce. El hombre prehistorico vivía muy ligado e interrelacionado a los acontencimientos de la naturaleza y las estaciones a los que el cielo por supuesto, con su grandiosidad y magnificencia no era ajeno, ya que le servia de orientacion y guia hasta en su más nimios quehaceres. El cielo regulaba la vida en la tierra, ya sea de los animales, como de los hombres.

Superponiendo un mapa celeste, se aprecia que los puntos indican el cielo a medianoche en dos momentos concretos del año. La parte izquierda, el solsticio de invierno y la derecha, el solsticio de verano. Ambas mitades siguen la orientacion de la estrella polar. Las coincidencias son muy sorprendentes, con ligeras modificaciones producidas por la variacion de la posicion de las estrellas a lo largo de los cuatro mil años transcurridos hasta hoy dia, debido a la precesión de los equinoccios. Tambien la curvatura y desigualdades de la roca, obligó al pintor a desviarse de la concepcion de su esquema estelar y adaptarse a lo que le ofrecia el abrigo como soporte pictórico más adecuado. Sin embargo, son claramente perceptibles, constelaciones muy conocidas del cielo, como Canis mayor, Eridano, Leo u Orión, que ahora mismo todavía, en estas noches aún de invierno, cualquier curioso puede comprobar en una noche medianamente despejada, como destaca con personalidad acusada en el firmamento y quedarnos asombrados ante su belleza. Todas ellas estan correctamente posicionadas. Los agrupamientos de puntos en el techo del abrigo tambien se relacionan con la tematica astral. Semejan formas de león y de cabra. El mito del león que sigue al cáprido es bien conocido en el Oriente medio del II milenio a.c, pues aparece reflejado en la cerámica y deben interpretarse como los indicativos de los dos solsticios mencionados. El león para el de verano y la cabra para el de invierno.

Debajo de la cabra y el león, hay una especie de río o corriente de puntos. Su significado, tal vez, es más complicado de atisbar, porque bien pudiera querer representar de una manera uniforme la inmensidad del firmamento totalmente tachonado de estrellas, intentando parangonarlo un poco con un motivo y recurso técnico muy similar, empleado en las tumbas egipcias de la época de la dinastía XVIII, en las que el techo horizontal se rellenaba para representar la bóveda celeste a base de sencillas estrellas de cinco puntas, pero posiblemente y es solo una intuición, nos inclinamos también a pensar, que tal vez, lo que el artista quiso representar con ese río o linea gruesa cubierta de puntos similando las estrellas, sea la Vía Láctea que cruza como un río el firmamento durante todo el año, de ahi de expresarlo en la forma de río, de algo que fluye o como dice su mismo significado, de vía, de camino y ahí también de que se encuentre debajo de los símbolos tanto de la cabra, como del león indicando su visión nocturna siempre, durante todas las estaciones… Lamentablemente, no hemos podido tener acceso al lugar donde se encuentra tan importante y significativa pintura, la única muestra de este tipo, de un mapa astronómico en plena Edad del Bronce de la que hasta ahora se tiene constancia en todo el repertorio y localización de abrigos rupestres en la zona gaditana y vamos más allá creyendo que es también único en el conjunto de pinturas de ese período, hasta ahora localizadas por toda la península ibérica.

Estamos pues, ante algo excepcional y digno de toda protección por su valioso contenido a amplísimos niveles, facilmente destacables. El estado de las pinturas presenta un deterioro considerable. El tiempo transcurrido y la climatologia, no han sido clementes con ella, por eso, de momento y para dar una muestra visible de existencia, solo hemos podido recurrir a unos calcos en blanco y negro que se encuentran en el libro de Uwe Topper, “El arte rupestre en la provincia de Cádiz” y que él mismo, como autor del hallazgo pudo realizar “in situ”.

A dicho calco, también se acompaña una imagen expuesta en el mismo libro, donde se puede apreciar la relación evidente de la pintura de la cueva Magro, con determinadas constelaciones del firmamento en ambos solsticios mencionados.

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Tuesday, July 15, 2008

¿ Un posible “Nemeton” celta en el ex tremo sur de España y Europa ?

(vista de la ensenada de Bolonia y el monte S. Bartolomé desde la Sierra de la Plata.)
Hay muchos lugares dentro de la provincia de Cádiz, en que la naturaleza en su generosidad, ha sabido dotar a esta, de unos rincones en que la combinación del paisaje y la historia los hacen realmente atractivos a nuestras sensaciones tanto físicas como internas más primarias.
(taludes con abrigos rupestres de la sierra)
Son lugares llenos de un encanto y poder especiales, territorio poseido por un “genius loci”. Un magnetismo telúrico que nos recorre hasta llegar a lo más profundo de nuestro espíritu ensoñador y que hace que percibamos una realidad distinta que subyace latente en ese entorno, transmitiendonos su propia energía y que enerva aún nuestra piel. Uno de esos lugares en los que se respira una reverente sacralidad motivada por esa interrelacion de las fuerzas primigenias de la naturaleza, junto a la contemplación de antiguas ruinas de pasadas culturas y encuadradas en un enmarcamiento paisajístico único, es la Sierra de Plata.
(Alturas de la Sierra de la Plata)

No es una sierra de gran altura, pues no rebasa los 500 mt., pero al encontrarse circundada a sus piés, por el arco de la ensenada de Bolonia, hace que esta adquiera un aire de verdadera fortaleza ciclópea creada por mitológicos gigantes, como imaginaria y fantástica protección de las evocadoras ruinas de la ciudad romana de Baelo, que allí yacen y que duermen su sueño de hace dos mil años lamidas por las olas del mar del estrecho y barridas sus calles en los habituales días de levante, por los granos de arena de las inmensas dunas adyacentes a los restos, confiriendo como hemos dicho todo ello, un espectáculo grato y soberbio…y al fondo, al otro lado del mar, perfilándose perenne, la silueta de la cercana costa africana. De todo ello, es testigo mudo, un inmutable y eterno centinela, guardián que desde milenios, vigila con su imponente figura solitaria tronco-cónica, perspectiva visual que ofrece desde la ciudad milenaria, y que es custodio en el poder telúrico de la roca que forma su mole, de todo el entorno. Este soberbio Gerión, vigilante de las vacadas retintas que por allí pacen, junto a la orilla del mar y en la vegetación verdosa de los matorrales y pinares que constrastan con la desnuda piedra, no es otro que el monte S. Bartolomé
(vacada retinta paciendo junto al posible “nemeton” céltico de la sierra)
Todo este entorno y debido a ser cruce y paso obligado del estecho, ha estado poblado desde tiempos pretéritos, de los cuales son testigos elocuentes, los numerosos abrigos dispersos por los alrededores, llenos con pinturas rupestres y sus figuras esquemáticas, preferentemente en color rojo ocre. Imágenes que en su arcaico lenguaje de signos, nos hablan de una cultura y una civilización anterior a la llegada de los navegantes del otro extremo del Mediterráneo, ¿ o tal vez, ellos mismos vinieron igualmente de allí antes que estos otros para hacer de este su definitivo lar ?. Una cultura de igualmente reminiscencias mediterraneas, que evocan a Creta, Anatolia y el Egeo en los dibujos de mujeres o diosas de cintura entallada y pechos desnudos y hombres esquematizados con sus hachas de combate junto a manadas de animales. De barcos y dibujos astrales, todo ello reflejado en ese lenguaje propio que nos han legado y que ha llegado hasta nosotros desde el Calcolítico y la Edad del Bronce y que corre gravísimo peligro de desaparecer para siempre.
(abrigos rocosos con pinturas rupestres)
Pero ahora, abstraigamonos por un momento de cuantas maravillas de todo tipo hemos más o menos intentado dibujar en esta semblanza paisajístico-histórica y centrémonos en el que supuestamente es el motivo de este artículo, que no es otro que la posible existencia de un “nementon” de tipo céltico en este entorno y que sería, sin lugar a dudas, el más al sur de todo el continente.
Un santuario de tipo céltico que hasta ahora ha permanecido aislado y apenas siquiera vislumbrado. Pasando casi totalmente desapercibido, tanto para los lugareños, como por supuesto, para los especialistas, ya que pese encontrarse casi a un tiro de piedra del conjunto arqueológico romano de Baelo, queda fuera de su recinto de protección.
(vistas del posible “nemeton” y su escalinata central)
Uve Topper, alemán apasionado por la riqueza de pinturas rupestres de la zona y que sistematizo en un libro actualmente agotado, titulado “El arte rupestre en la provincia de Cádiz” fué el primero en reparar en la singularidad de su estructura y de la invisibilidad e ignorancia por parte de los lugareños en torno a su existencia enmedio del paisaje, por otro lado excepcionalmente bello y evocador.
Conforme a su estudio y sistematización de las pinturas, Topper lo calificó de santuario al aire libre y en total interrelación al propio mundo de las gentes que fueron artifices de las pinturas, es decir, a la Edad del Bronce. Para él, por tanto, sería coetáneo a dichas pinturas y a la cultura que las desarrolló y utilizado como lugar de culto por dichas gentes.
(Vista trasera del posible “nemeton”)

Sin embargo, en la modestia de nuestra perspectiva y de nuestros conocimientos creemos que atribuirlo a la Edad del Bronce es demasiado y más bien y después de haber hecho diversas comparaciones y consultas al respecto, vemos más viable catalogarlo como una construcción atribuible a algun pueblo de estirpe céltica o celtibérica que estuviera asentado por estos contornos de la vieja Turdetania.
No era nada raro que las propias ciudades turdetanas contrataran los servicios de mercenarios celtiberos del centro y oeste peninsular. Ni tampoco habría que olvidar el detalle de las diversas razzias lusitanas del siglo II a.c., también pueblo de orígenes célticos, que con o sin compañia de contingentes celtiberos, asolaron Turdetania y en concreto la zona de Gades y el estrecho, llegando a pasar incluso al norte del actual Marruecos en sus correrías. Otra posible explicación a tener en cuenta y que no conviene dejar caer en el olvido para explicar la existencia de dicho santuario monolítico, nos la ofrece también los textos clásicos en sus referencias a Sertorio en su pugna como general disidente contra Roma, y que claramente mencionan que estuvo guarecido un tiempo en la Sierra de la Plata junto a sus tropas, formadas por hispanos celtiberos y demás etnias peninsulares. Todas ellas afectas a su persona, mediante la secular “devotio ibérica”.

(vistas de la escalinata exterior y de orientación contraria a las agujas del reloj)

Tal como lo definió acertadamente el propio Uwe Topper, el santuario es un bloque de roca monolítica bien tallada, dispuesto enmedio de la dehesa, con la base de una torre o pequeño templo de planta casi cuadrada. Se sube a lo alto de él, mediante una escalinata y siguiendo esta, hacer la circunvalación en sentido contrario a las agujas del reloj. Otra escalera con ocho peldaños sube a la planta superior. Desde cierta distancia la imagen recuerda a la de una pirámide escalonada o “zigurath” mesopotámico.
Basándonos en estas características y que pueden apreciarse en nuestras fotografías, hemos llegado a la conclusión dicha anteriormente, y es que guarda más que apreciables similitudes y características con diversos santuarios del centro peninsular hispano. Territorio ocupado todo él, por tribus celtibéricas. Nos estamos refiriendo concretamente, al conocido como “Silla de Felipe II” en la Sierra de El Escorial, en Madrid y sobre todo y preferentemente al santuario de Ulaca en Ávila, con el que guarda muchísimo parecido y que fué solar ocupado por lo vacceos…

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La flo ta de Gadir/Gades

Albert Sebille. Nave fenicia arribando a Pharos.

¿ Cuál era la dimensión aproximada de la flota de Gadir ? ¿ Cuántos barcos tenia de guerra, cuántos de transporte? ¿ Cómo y de qué estaban construidos ?. ..Todas son preguntas muy interesantes, pero a las que sólo podemos responder a través de una vaga comparación de los datos que tenemos de otros lugares, puesto que no tenemos constancia ni textual ni arqueológica de ella, aunque evidentemente variaría en un momento u otro de su larga historia.
En lo que respecta a las naves de guerra, las habituales eran las del ámbito griego, las trirremes y las penteras. Esta última, sin embargo, no solo servia para estos fines, sino que su versatilidad la hizo ser también el navio con el que realizaron muchos viajes de exploración y por supuesto igualmente piratería, ya que los limites entre exploración, comercio y piratería podian llegar a ser muy difusos según la conveniencia del momento. Como sus nombre dan a entender, la pentera, era una nave de 50 remos, mientras que la trirreme era más grande y poderosa, en la que 170 remeros dispuestos en tres filas, más 30 de reserva, eran necesarios para ponerla en boga. Disponía también de dos remos de gobierno y un mástil de 90 cms. de diámetro sujeto por dos estays, así como tres perchas y tres escaleras de mano.

Barco de guerra (pentera) en moneda fenicia de Sidón

Albert Sebille. Trirreme griega

Para intentar dibujar mentalmente y hacernos una idea de cuantas naves de ese tipo podría tener la talasocracia de Gadir, pongamos como ejemplos que Sidón, una de las más importantes ciudades de la costa fenicia, tenía más de 100 en el siglo IV a.c. y la mismísima Atenas disponia de más de 200. Está claro que para la ciudad de Gadir, las cifras deben ser claramente inferiores y tenemos dos notícias al respecto, aunque son del siglo I a.c.

En una de ellas, Dión Casio dice que para la campaña de César contra los lusitanos del año 61 a.c., recibió este de los gaditanos navíos para embarcar a 18.000 hombres y asaltar la isla donde se habían refugiado, lo que da aproximadamente entre 80 y 90 naves. La otra cita es del mismo César en su “Guerra civil”, donde cuenta que en el año 49 a.c. Varrón militante del bando contrario, el pompeyano, obligó a los gaditanos a equipar 10 naves.

De estas dos notícias la conclusión más probable a sacar es que esas embarcaciones fueran la gran mayoría naves de carga, aunque es incuestionable que Gadir disponía también de penteras, por otra mencion en los textos que será expuesta en un artículo aparte proximamente, al hablar de un explorador y sus tentativas de viajes y que está vinculado a la urbe gaditana.

El navío fenicio de carga es un barco panzudo denominado con el término griego “gauloi”. Los pecios hasta ahora encontrados suelen darnos la imagen de un barco de una capacidad de 75 toneladas, es decir, con capacidad para transportar 1.500 ánforas aprox. aunque también se han encontrados pecios con una capacidad mayor, de 75-200 toneladas, capaces de llevar en su interior de 2.000 a 3.000 ánforas, dejando pues para fase ya metida en plena época romana, barcos que superan esa capacidad, con más de 250 toneladas o lo que es lo mismo, 6.000 ánforas en su bodega.

Barco de carga fenicio (gauloi o gaulos)

Por último en cuanto a la tipología de los barcos hay que hacer mención al que es posiblemente el más caracteristico y abundante de cuantos conforman la flota gaditana o gadirita. Este no es otro que el conocido igualmente con el término griego “hippoi” o “hippos” por la alusión a la cabeza de caballo que lucía en la proa de dichas naves. Eran embarcaciones pequeñas y dedicadas practicamente en exclusiva para la pesca, ya sea cercana o a los distintos caladeros y aguas que frecuentaban la flota de pesca de la ciudad de Gadir.

Representacion de naves de pesca fenicias (hippoi o hippos)

En cuanto a los materiales que se usaban para la fabricación de la distintas naves habremos de decir, que los fenicios fueron los primeros en fabricar en lo que hoy llamaríamos “en serie” sus barcos, sobre todo, en referencia a las naves de guerra.
Los bosques que circundan o estan cercanos a la bahía gaditana se componen principalmente de alcornoques, hoy día la provincia sigue manteniendo uno de los bosques mas extensos y mejor conservados de la península, quejigos, acebuches y encinas. Del alcornoque su producto más evidente es el corcho, que sería utilizado para las artes de pesca. La encina y el quejigo proporcionarían su excelente madera para la construcción de los barcos y dejamos para el último el acebuche u olivo silvestre, porque aparte de que su madera es muy apreciada para la ebanisteria, también serviría de combustible para los múltiples alfares de fabricación cerámica, pero no hay que olvidar la connotación religiosa y mítica, si queremos llamarlo así, que también lleva implícita, ya que no olvidemos que la maza de Herakles-Melkart estaba fabricada de una rama de acebuche y el acebuche como hemos dicho, no solo estaba y sigue presente en la bahía de Càdiz, sino que una de las islas gaditanas era denominada Kotinoussa por su abundancia en dicho árbol, formando posiblemente un bosque sagrado consagrado al mismo dios, ya que también su famoso templo, estaba localizado en uno de los extremos de dicha isla, no hay que olvidar tampoco que según recogen algunos autores antiguos, uno de los tesoros de dicho templo consistia en el reverenciado olivo de Pigmalyon de oro y esmeraldas, convirtiendo todo este espacio en un verdadero “locus” sagrado, tal como hemos manifestado…

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Hipo tética reconstrucción de la geografía de Gadir a la llegada de los fenicios (1.100 A.C.)

(Cádiz. Casco histórico)
En el presente dibujo, se esboza de manera, más o menos aproximada, la imagen de la posible configuración paleotopográfica de la bahía gaditana y sus islas, en el momento de la llegada de los primeros fenicios y la consiguiente fundación de Gadir y que según los textos antiguos, pero sin fehaciente comprobación arqueológica por el momento, debió ocurrir en torno al 1.100 a.c. como ya hemos comentado en otro articulo anterior.
Durante muchos años, tres han sido principalmente las aportaciones para llegar al diseño mas o menos plausible, aún con los posibles errores todavia y que futuras investigaciones acabaran por dilucidar definitivamente, de como era la bahia de Cádiz en ese estadio pretérito de su historia fundacional. Por un lado el estudio y lectura detallado de los mismos clásicos en sus alusiones a la antigua polis, principalmente griegos y romanos, en que se habla de dos porciones insulares claramente definibles. Una isla pequeña y sede de la ciudad primitiva fenicia, llamada por estos autores Eritya, Eritheya o Afrodisias, y una isla mucho mayor y alargada, denominada Kotinoussa, por estar cubierta de acebuches u olivos silvestres.
Por otro lado, la segunda aportación sustancial, es el definitivo planteamiento de la existencia de un canal interior que separaba ambas islas. Teoría de la que se tenian anteriores indicios pero que fué finalmente expuesta por Ponce Cordones en el año 72 llegándose a su aceptación general.

Por último, en 2001 se hicieron unos sondeos geoarqueológicos que arrojaron nueva luz a todos estos datos preexistentes y que son los que han terminado por definir la silueta de la islas esbozada en el mapa. Como detalles más palpables a la vista estan la insularidad del islote de Sancti-Petri, que siempre se habia considerado parte de Kotinoussa y ahora se plantea de que no formó parte de esta, sino que es un islote adyacente y por tanto, eso da pie a también replantear la situación del templo de Melkart o Hércules que la tradición historiográfica localizaba en dicho islote, como punta final de la mencionada Kotinoussa. Ahora habría que resituarlo y con mejor exactitud en torno a la Punta del Boquerón. Idea que siempre nos ha parecido muy sugerente y con visos muy plausibles de ser así y a la que siempre nos hemos sumado desde hace unos años.

El último detalle sobre el que haría hincapie es en la existencia igualmente de un posible cordón arenoso muy delgado, que correspondería a lo que hoy es la calle Paraguay y que soldaría de alguna manera la pequeña isla de Eritheya a la más grande de Kotinousa. Ello conllevaría, por tanto, a establecer que el canal esta cegado ya en esa época tan primitiva por ese débil asiento dunar, aunque posiblemente, es una suposición un tanto gratuita, en marea alta volviera a individualizar a las islas. Ese cegamiento, a su vez, da lugar a la formación de dos puertos que serían utilizados como tales por los fenicios. Uno en la actual Caleta y el otro en la parte contraria, a resguardo del oleaje y mirando al interior de la Bahía y que sí está comprobado que, al menos fue así, para el período romano de la ciudad.

No quisiera terminar este comentario, sin hacer una pequeña observación que a nuestro juicio personal, nos ha llamado mucho la atención por su curiosidad.
En el Ayuntamiento de Cádiz se encuentra un lienzo de principios del siglo XIX, en la que su autor hace una idealizacíón pictórica llena de la fantasía propia decimonónica que además, tenemos colocada como pie de página final del blog y cuyo título es “La Batalla del rey Terón contra los gaditanos”, en referencia a un supuesto ataque que hicieron los turdetanos contra la ciudad fenicia de Gadir, allá en el siglo V a.c. Hecho, por otro lado totalmente falso, pero que aparece en un autor romano del siglo III d.c., en concreto, Macrobio.

Los dos detalles que captan nuestra mirada, son el que el pintor ha unido levemente las dos islas no con una especie de cordón como el que los últimos estudios geoarqueológicos parecen demostrar, sino con un puente que uniría ambas islas y esa idea de querer conectar, sea por medio artificial o natural las dos islas, no deja de ser algo que suscita nuestro interés y el otro detalle, es que la isla de Sancti-Petri y en la que el autor pinta las instalaciones del Herakleion forman un islote aparte de la isla grande y todo ello en una época en que todavía apenas se tenia constancia de todo este entramado paleotopográfico, que no es más que fruto de las investigaciones de finales del siglo XX, como si una vez más la imaginación del artista tuviera una capacidad visionaria de adelantarse a los resultados y acontecimientos científicos del futuro…

(topografía actual de las islas gaditanas vistas desde el aire. Fotos 2, 3, 4, 5, 6 y 7)

¡Quién, hace treinta o cuarenta años, presenciando algún estreno de domingo de Resurrección en el llorado cine San Miguel, pudiera imaginar cuanto latía, en letargo, allí abajo! Ese Gadir, posteriormente usurpado por el Gades de Erytheia, que ahora aguarda su turno de volver a abrir los ojos… después de que Roma se hiciera visible, esa Roma imperial contenida en el silencio de los niños muertos , habitantes de la necrópolis recién hallada, y en los restos imperceptibles del “garum” legendario que aún impregan las piletas descubiertas en el mismo yacimiento. Y casi podemos visualizarlo todo: esas factorias a la orilla del gran canal, y Kotinoussa allí al lado, las “domi” señoriales , las “insulae” de varias plantas… quizás abandonadas, fantasmas de la era de Balbo y César….
(Reflexión sobre el reciente hallazgo de restos de una necrópolis infantil tardorromana y una factoría de salazones de los siglos I-II d.C en el solar del antiguo Teatro Cómico, después reconvertido en cine San Miguel, de Cádiz. Todo ello, a la espera de nuevos hallazgos que por fin se materialicen, bajo las capas de arena depositadas durante milenios y devuelvan a la luz, ya en pleno siglo XXI, las olvidadas ruinas de la Gadir arcaica )
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El mundo fune rario de Gadir

Según la tradición, la vieja ciudad fenicia de Gadir seria fundada alrededor del 1.100 a.c. Es decir, aproximadamente, ochenta años después de la famosísima guerra de Troya, hecho que conllevaría una verdadera convulsión en todo el Mediterráneo y más concretamente en su parte oriental y que haría que las viejas estructuras imperantes de la Edad del Bronce cayeran y fueran sustituidas por las nuevas de la Edad del Hierro.

Ese período convulso e incluso oscuro, pero a la misma vez muy fascinante daría lugar a una serie de movimientos de pueblos tanto por vía terrestre como también y lo que más nos interesa, por vía marítima.

Es el momento de la expansion de los llamados Pueblos del Mar y su irradiación por distintos lugares del Mediterráneo y es el momento del que también se nutren y harán eco, las posteriores leyendas cantadas por los poetas griegos, referidas al regreso de los héroes, los “nostois” y es, en definitiva también, el momento en que los fenicios o sidonios según el término homérico, se dedican a su expansión comercial definitiva hacia el occidente en busca de nuevas posibilidades.

Lo cierto, es que hasta ahora, no nos podemos remontar a una fecha tan antigua en los restos encontrados de la vieja Gadir, aunque hay algunos indicios y expectativas que prometen confirmar una cronología tan alta y su necrópolis no va mas alla del siglo VIII a.c. Necrópolis que continuará aún en época romana, pero esta vez, adaptandose ya paulatinamente, a los cambios de costumbres funerarias que impone la romanidad y que van adquiriendo poco a poco los gaditanos al obtener la ciudadania de pleno derecho, otorgada por Julio César en el 45 a.c.

Por su configuración paleotopográfica, la urbe se asentará en una isla pequeña, que los antíguos denominarán en sus textos como Erítya, mismo nombre dado por los griegos en sus mitos a una de las hespérides, hija de Atlas y de Nicte que junto a sus hermanas Egle y Hesperetusa, son las ninfas de poniente, hijas de la noche, según el poeta arcaico Hesíodo.

Por otro lado, la ciudad de los muertos, la necrópolis, se situará en la isla alargada, denominada en los textos como Kotinoussa ( isla de los acebuches o de los olivos silvestres). Ambas islas, estarán separadas por un brazo de mar, el antíguo paleocauce prehistórico del rio Guadalete, estableciendose con ello, una clara definición de límites entre ambos mundos, el de los vivos y el de los muertos. Retomando de nuevo, la analogía con las creencias griegas, todo aquel ciudadano de Gadir que una vez muerto se dirige al otro mundo mundo, deberá pues atravesar en barca ese brazo marino convertido en el puerto de la ciudad y que al recorrer su corto trayecto, cual laguna Estígia o río Leteo, el río del olvido, hará que deje atrás su vida pasada para ingresar definitivamente al mundo reservado a los difuntos, donde reposará para siempre en su tumba, bajo las ramas de los añosos olivos silvestres que dan nombre a la isla mayor y que además está bajo la advocación del dios más importante del panteón gaditano, el dios Melkart, pues en el extremo de esta, en direccíón divergente a la urbe, se asienta su sagrada morada, el Herakleion…

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